Culpables: así terminó el juicio a los narcosobrinos

De todo hubo durante la segunda semana del proceso a Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, acusados de conspirar para traficar 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. Por momentos pareció que la defensa había echado abajo el trabajo de los fiscales, pero el peso de las evidencias inclinó la balanza en contra de los parientes de la primera dama venezolana

Por Maibort Petit | @maibortpetit

Estos cinco días dejaron aturdidos a unos cuantos. El lunes 14 de noviembre los abogados llegaron a la sala apresurados. En un pequeño salón de reuniones la defensa concretó su agenda. Salieron sonrientes y dispuestos a dar un buen golpe a la fiscalía. Pasadas las 9:30 de la mañana, los acusados -Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas- aparecieron vestidos elegantemente. Como ya se había hecho habitual, los abogados los recibieron con manifestaciones de afecto. En la mesa justo delante de la defensa estaban los fiscales Emil Bove III y Brendan Quigley, al lado derecho frente al Juez Paul Crotty. A la izquierda se encontraba el agente especial Sandalio González, uno de los hombres clave en la investigación.

A las 9:40 entró el jurado a la sala. La defensa enfiló en pos de su objetivo: acabar con la poca credibilidad que le restaba al informante confidencial de la DEA, José Santos Peña (CS1), pero la fiscalía informó que un problema con la Oficina de Prisiones no permitió que el prisionero estuviese a tiempo en la corte. Se decidió iniciar con el testimonio de Daniel Ogden, un experto en computación forense que trabaja para el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Este especialista en análisis de data de teléfonos móviles fue el responsable de extraer la información que se encontraba en los celulares de los acusados confiscados al momento de su arresto en Haití el 10 de noviembre de 2015. Tras explicar los detalles técnicos del procedimiento, Ogden mostró una serie de chats de los acusados donde usaban nombres diferentes en cada conversación.

Ogden expuso llamadas y mensajes de texto, incluso dijo que estaba en capacidad de mostrar el contenido que “había sido borrado”.

En el celular de Efraín Campo había dos selfies, tomadas desde distintos ángulos. También salieron a la luz conversaciones y chats sostenidos entre los primos Flores.

En el teléfono de Flores de Freitas había dos selfies, una de ellas sonriente con una avioneta al fondo, tomada en Honduras, una de su cédula, y otra de su pasaporte, además de una tarjeta de crédito “Visa Platinum” del banco Banesco. También el jurado vio unas selfies tomadas el 30 de abril de 2015 de Campo Flores y otra de unas armas largas sobre una cama.

En una comunicación entre los primos, Campo le dice a Flores de Freitas que compre seis blackberrys en Mercadolibre.com, “3 para mí, dos para ti y uno para el enano Capichi”.

En otra conversación por Whatsapp aparece Campo Flores comunicándose con Gilson 584145267023. Allí Campo Flores le dice: “Una para mí y una para mi tío. A 1.000 dólares… no es caro. Son bellas. Mini Uzi”.

Igualmente presentaron una conversación entre Flores y Youssef, donde el primero le pedía los datos de Hamudi al segundo y le decía que se llamaba Mohammed Abdul. Hamudi, vinculado a la conspiración, fue el encargado de introducir al narcotraficante hondureño a los dos primos. Hamudi aparecía en unas fotos abrazando a los primos, mostrando una amistad que los acusados habían negado durante el interrogatorio de la DEA en el avión que los transportó a Nueva York.

Luego aparece una conversación entre Campo y Flores diciendo que: “Al parecer mataron a Hamudi. Lo encontraron muerto en el Cementerio… me han llamado 5. En el Cementerio”.

El gobierno también mostró fotografías de armas largas, rifles y ametralladoras UZI que los dos acusados supuestamente compraron a través de un proveedor local en Caracas.

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La teoría del complot

Los abogados de los sobrinos de Cilia Flores y Nicolás Maduro evidenciaron que el informante confidencial CS1 tenía un plan inicial para tentar a los acusados a cometer el delito por el cual fueron juzgados.

Durante la siguiente jornada del juicio la defensa condujo al testigo cooperante de la DEA, José Santos Peña, a reconocer frente al jurado que “El Sentado” -Carlos Amílcar Leva Cabrera- tenía previsto suministrar la droga objeto de la conspiración a los acusados.

Cuando el abogado David Rody le preguntó si sabía que CW1 –“El Sentado”-  tenía pensado proveer la droga, Santos Peña confesó que sí tenía conocimiento. También dijo que fue a Caracas con instrucciones precisas dadas por el agente de la DEA, Sandalio González, de supuestamente manipular a los dos hombres.

Tras la afirmación de Santos Peña la defensa avanzó en su intención de probar que los acusados fueron objeto de un complot político por parte de los informantes y testigos de la DEA para ganar dinero gracias a la captura de  dos altos objetivos por sus lazos familiares con Cilia Flores.

El abogado de Flores de Freitas terció para que Santos Peña admitiera que él fue quien refirió en las conversaciones que la droga tendría como destino final a Estados Unidos. Si bien el informante no lo afirmó, quedó sobreentendido que fue el primero en mencionar a este país como el lugar al que serían llevados los 800 kilos de cocaína. También admitió que mintió durante el tiempo en que trabajó para la DEA.

Adicionalmente la defensa sorprendió a la fiscalía cuando pidió autorización al juez Paul Crotty para mostrar frente al jurado un audio de una conversación sostenida por José Santos Peña en la cárcel federal de California. Allí se le escucha negociar drogas con el mismo hombre que viajó a Caracas de nombre Paul, quien es amigo de su hijo CS2. Es de subrayar que la presencia de Paul en el viaje a la capital venezolana no fue autorizada por la DEA.

Los fiscales se sorprendieron con la revelación de la defensa, que lució victoriosa al final de la jornada. Campo Flores y Flores de Freitas sonrieron y abrazaron a sus abogados celebrando el triunfo, mientras los representantes del gobierno salieron de la sala apresuradamente sin pronunciar palabra alguna.

En la siguiente cita del juicio a los sobrinos de la primera dama, salió a relucir el nombre del diputado chavista Diosdado Cabello, y el de la supuesta organización criminal conformada por militares de alto rango de las fuerzas armadas venezolanas, conocida como el Cártel de los Soles.

El tema surgió al hacerse referencia a una conversación sostenida entre el hijastro de Nicolás Maduro y el informante de la DEA, José Santos Peña, alias “El Mexicano” o CS1, en un apartamento propiedad de Campo Flores en Caracas. El audio demostraría al jurado la relación de los acusados con el narcotráfico y su conocimiento de que el destino final de la droga que estaban negociando era EEUU.

Esto era clave para el gobierno, puesto que le permitiría desmontar la tesis de la defensa que sostenía que los acusados nunca tuvieron relación con el narcotráfico y que carecían de la logística necesaria para llevar a cabo una operación para introducir 800 kilos de cocaína en EEUU.

En el audio se escuchó a Campo Flores contarle a CS1 que había acordado con “El Sentado” el pago de 12 mil dólares por cada kilo de cocaína que vendiera. Sacaba la cuenta de los gastos de envío del producto y le preguntaba al enviado de “El Sentado” cuánto le costaba “la bajada”, es decir, el recibimiento de la droga en Honduras. La respuesta fue que dicha operación —la bajada— tenía un costo de 900 mil dólares, independientemente de la cantidad enviada, es decir el mismo precio ya fuera un kilo o mil. Se escucha la voz de Campo Flores diciendo que si la bajada eran 900 mil y el kilo 12 mil, “me quedarán como 10.200 o 10.300”.

Ante la observación de Campo Flores, el informante de la DEA le acota que la ganancia viene de la cantidad enviada, mientras mayor es la cantidad de droga la bajada se hace más económica. “‘El Sentado’ es consciente de ello”, dijo. “A mayor cantidad que envíe le queda más ganancia, porque el precio de la bajada va a ser el mismo, independiente de la cantidad”, cortó Santos Peña.

Campo Flores pregunta: “¿Y tienen el contacto con los americanos?”, pero no se entiende el resto de lo que dice. Seguidamente CS1 responde: “Aquí lo que importa más es la seguridad, que usted tenga un envío seguro y que si se cae el negocio acá, usted es el responsable”.

Campo Flores dice: “Sale desde el aeropuerto principal del país. Nosotros estamos sacando eso desde el principal aeropuerto del país”… (UI) y Centroamérica…”. A esto le sigue un segmento ininteligible.

Estos segmentos imposibles de entender se producen en varias ocasiones, por lo que de seguido le mostramos los más importantes:

CS1: “Yo le dije que me sirve porque allá es lo máximo”.

El informante dice que el costo varía según la ciudad, bien Panamá o Nueva York, pero el resto del audio impide conocer lo acotado por “El Mexicano”.

A la pregunta de Campo Flores: “¿Cómo es la bajada por allá?”. Responde CS-1: “La logística es de nosotros, lo importante aquí es la seguridad de los que le colaboran aquí en el gobierno”.

Campo Flores: “Aquí está garantizado, hay muchos… (Ininteligible)… Diosdado (Cabello)… otros”.

CS1 acota: “Lo más sagrado que usted tiene es la salida blanca de un aeropuerto”.

Campo Flores responde: “(ruido) El cártel de los Soles, (UI)… la gente del gobierno… todo aquel que (UI) en el narcotráfico, (UI) se envían varios tipos, hay unos que la mandaban… (No se entiende)… (UI) maletas en comerciales… (UI) 200 kilos. El (UI)… soles sigue controlando todo (UI) es más adaptable los blancos que los comerciales… 12 mil o 12 mil 500. A veces se va a 14… Te voy a pagar más y a veces baja”.

CS1: “No vas a tener problemas, lo hacemos por la vía de usted”.

Campo: “yo quiero ganar lo justo, ni más ni menos. Me cobran 1.000 por cada uno… Me dijo que es muy raro cuando baja de 12 por kilo… (UI) “El Sentado” paga…”.

El entierro del informante

En la siguiente jornada del juicio, el abogado de Campo Flores, Randall Jackson, y el de Flores de Freitas, David Rody, se anotaron otro triunfo al desprestigiar por completo al testigo de la DEA.

La defensa mostró grabaciones hechas por la oficina de prisiones (BOP) en la cárcel federal de California donde José Santos Peña y su hijo, José Santos Junior, permanecen en custodia desde el 4 de agosto de 2016. En los audios CS1 y CS2 conversan con otros dos hijos de Santos Peña, a saber Joaquín e Hilario, quienes viven en Sinaloa, México. Los dos ex informantes organizan negocios ligados al narcotráfico. En específico, CS1 gira instrucciones a sus hijos para que vendan drogas a algunos de sus clientes. Además, se habló de la entrega de maletas llenas de mercancía, unas 120 “bolas”, cuyo contenido al parecer era cocaína. También refieren una transacción con anfetaminas.

Mientras Jackson y Rody destruían la credibilidad de CS1, a los fiscales federales no les quedó más que guardar silencio a medida que se conocía el contenido del audio de Santos Peña. Fue al final de ese momento cuando el fiscal Emil Bove informó a Santos Peña que el gobierno no le entregaría la carta 5K, instrumento con el cual podía obtener la disminución de su pena. Haber mentido al gobierno federal le costó muy alto precio a “El Mexicano”, quien a partir de ese momento se exponía a cumplir cadena perpetua. Ante el anuncio de Bove, el rostro de Santos Peña se desdibujó frente a los ojos del jurado.

Para la defensa de Campo Flores y Flores de Freitas el descrédito de Santos Peña representó un gran aporte a su tesis de vender el caso al jurado como “un complot preparado por los informantes de la DEA” para atraer a los venezolanos a realizar un negocio de narcotráfico, “donde ellos no tenían que poner nada y que iban a ganar muchos millones de dólares”. Los abogados aseguraron al jurado que sus clientes fueron víctimas de los informantes de la DEA que buscaban peces gordos para cobrar una gran recompensa. “¿Usted lo hizo por dinero, por ganar mucho dinero?”, preguntó el abogado Jackson en tono enérgico a CS1. A lo que el informante respondió: “No. Yo cobraba por todos mis trabajos, ya que todos eran exitosos”.

Pero a pesar de haber fulminado la credibilidad de dos de las fuentes de la DEA, la corte mantuvo las evidencias recogidas por estas personas, constituidas por grabaciones de audio y video hechas por CS1 y CS2 cuando fueron a Caracas a reunirse con Campo Flores y Flores de Freitas para finiquitar el negocio de los 800 kilos de cocaína.

El gobierno contraataca: rampa 4

Luego del revés de “El Mexicano”, el fiscal Emil Bove III mostró al jurado transcripciones de comunicaciones mantenidas a través de mensajes de texto entre Efraín Antonio Campo Flores y una persona apodada “Pepe”. En los chats el hijastro de Maduro pedía información a “Pepe” sobre los pilotos que harían el viaje del envío de la droga. Ambos decían que había necesidad urgente de reunirse. Campo dijo a “Pepe” que debían enviar regalos grandes a los tipos grandes.

Seguidamente testificó el agente Kimojha Brooks, quien explicó que fue el encargado de recibir de manos de la policía de Haití los teléfonos de los acusados y los pasaportes y fotografías de los pasaportes de los otros individuos que viajaron en el avión que llevó a Campo Flores y Flores de Freitas a Puerto Príncipe el 10 de noviembre de 2015.

Brooks dijo que se había encargado de la seguridad de los acusados, de tomar sus datos biográficos, de completar las formas de inmigración y del procedimiento de entrada a EEUU.

La fiscalía consiguió que el juez Paul Crotty aprobara el interrogatorio de un nuevo  testigo, el hondureño Carlos González, quien participó en la conspiración. González se declaró culpable de conspirar para traficar 5 o más kilos de droga a EEUU luego de entregarse voluntariamente a la DEA, al ser arrestado por las autoridades de su país. Estaba encargado del tráfico aéreo en el aeropuerto “Juan Manuel Gálvez”, de la isla de Roatán, en Honduras.

El testigo dijo que trabajó con Carlos Amílcar Leva Cabrera, alias “El Sentado”, y un socio de éste de nombre Marcos Maryels. Aseguró que asistió a dos reuniones en San Pedro Sula, relacionadas con un envío que saldría de la rampa presidencial del aeropuerto internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía.

Explicó que trabajó con el supuesto socio de Campo Flores y Flores de Freitas, preso en Honduras, Roberto de Jesús Soto García. Ambos viajaron a San Pedro Sula para reunirse con “El Sentado” y planear la logística para la llegada del primer cargamento de cocaína que enviarían los sobrinos de Cilia Flores, el domingo 15 de noviembre de 2015 en horas de la tarde, al aeropuerto de Roatán controlado por González y Soto García.

González aseguró que cobraría 200 mil dólares por recibir el avión y que el precio incluía al equipo del aeropuerto, entre los cuales se encontraban jefes del departamento de planes de vuelo, de radares, policías y militares hondureños.

La defensa pretendió descalificar su testimonio sacando a colación que había sido acusado de violencia doméstica y tenía antecedentes criminales.

La defensa sufre un revés

La nueva jornada de juicio se caracterizó por un revés sufrido por la defensa. La fiscalía presentó evidencias de que los acusados habían concretado un plan para llevar el primer cargamento de drogas desde Caracas hasta Honduras.

En la sesión se continuó interrogando a Carlos González, quien dijo que llegó allí por intermedio de Roberto Soto García, coacusado en el caso. La defensa lo señaló de colaborar con el gobierno para obtener una pena menos severa si ayudaba a los fiscales a sustentar el caso contra sus clientes.

Zach le preguntó si conocía a Campo Flores y Flores de Freitas. Este contestó que no, pero aseguró que sí había estado en una reunión en Honduras “donde se discutió un envío de cocaína que venía de Venezuela”.

El abogado lo acusó de mentirle a la DEA al no mencionar una reunión ocurrida en octubre de 2015, a lo cual González respondió que en un encuentro que tuvo con los abogados y los fiscales el 11 de agosto de 2016, dijo toda la verdad sobre su relación con “El Sentado” y sobre sus numerosas actividades con el narcotráfico.

Zach le dijo que era empleado de “El Sentado” pero González lo negó, pues solo había hablado con él para tratar sobre el negocio del envío de la droga correspondiente al caso por el cual estaba testificando. Dijo: “El Sentado´llamó a Roberto Soto García y fue Soto quien me llamó a mí para hacer el negocio. Nosotros le prestábamos el servicio de recibir los aviones llenos de drogas a varios cárteles de droga y ‘El Sentado’ era solo uno de ellos”.

González confesó que pagaba sobornos a la policía de la isla de Roatán y que lo hacía con su grupo de empleados del mismo aeropuerto. Con esto tumbó la acusación de Zach de mostrarlo como empleado de “El Sentado”, con lo que se habría convertido en testigo cooperante y no en socio de la operación de narcotráfico que no tuvo éxito. El intento por invalidar su testimonio falló al evidenciarse que su trabajo era independiente. Su relación con “El Sentado” era clientelar.

Por este y otros delitos de drogas, González se enfrenta a 10 años de prisión. En la audiencia admitió haber ayudado a más de 50 aviones con drogas a aterrizar en el aeropuerto de Roatán. Generalmente se le pagaba 10.000 dólares por avión, dijo.

Otra vez Cabello

Otra fuente confidencial de la DEA y que participó en la operación de los Flores -Juan Gómez- dejó mal parada a la defensa cuando aseguró que Flores de Freitas tenía conocimiento del mundo del narcotráfico, que sabía cómo organizar los planes de vuelo, la mercancía y los pilotos, además de tener avión y acceso al hangar presidencial del aeropuerto.

Se identificó como colombiano y dijo que trabaja como informante para la DEA desde 2009. Afirmó que estuvo presente en la reunión que se realizó en Honduras el 6 de noviembre de 2015 a la que acudieron Franqui Francisco Flores de Freitas, César Orlando Daza Cardona, Roberto Soto García y “El Sentado”. En su exposición explicó el contenido de las grabaciones de la reunión hechas con los dispositivos 2 y 3 suministrados por la DEA.

Señaló con lujo de detalles el encuentro que —según la fiscalía— fue clave para explicar la conspiración de los acusados, puesto que en ese encuentro se concretó el envío de drogas para el 15 de noviembre de 2015, entre las 4:30 y 5:15 PM, en un vuelo legal, con plan de vuelo, desde la rampa 4 (Hangar presidencial) del aeropuerto internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía hasta el aeropuerto de Roatán en Honduras.

Dijo que en ese encuentro se conversó sobre una transacción de narcotráfico sin equivoco alguno, siendo que todos los asistentes —incluidos los acusados— sabían perfectamente de lo que estaban hablando. Refirió que Soto explicó a Flores los horarios para hacer el envío y le dijo que trajera a cuatro personas que actuaran como turistas u hombres de negocios que pudiesen bajar del avión, haciendo que la aeronave escapara de toda sospecha. Además, precisó que se trataba de un doble envío, puesto que el avión regresaría con otra carga de droga cuando volviera a recoger a los “pasajeros”.

Soto precisó a Flores de Freitas que los únicos problemas que no podían controlar era el clima, un “acto de Dios” y a los agentes de la DEA. Luego le explicó “el Plan B” que consistía en el aterrizaje de emergencia en una pista clandestina en las montañas lo cual, de suceder, hacía que “nosotros nos haríamos responsables por la droga y no por el avión”, a lo que Flores de Freitas respondió que esa opción no le “gustaba nada, nada”.

A Roberto de Jesús Soto García, preso en Honduras hasta el momento del juicio en espera de su extradición a EEUU, se le nombró coacusado en este caso.

En la audiencia siguiente de juicio, Diosdado Cabello volvió a figurar. En esta oportunidad, el tema surgió en la conversación que sostuvieron “El Sentado”, informante de la DEA, Juan Gómez (CS-3), César Daza Cardona, Roberto de Jesús Soto y Franqui Francisco Flores de Freitas.

Se hizo referencia a Cabello como jefe del llamado Cartel de los Soles.

CW-1: La verdad es que como uno tiene que platicar de la gente allá para darse cuenta. Uno, no, no… él no es tan mentado a nivel internacional… acá como…con …Si yo sé que… porque dicen que Diosdado Cabello es el jefe del cártel de los Soles.

Flores: Bueno, tiene sus peos…

CW1: uhum…

Flores: Tiene peos, tiene peos en Estados Unidos y lo denunciaron de narcotraficante.

Flores: Eso dicen que es el jefe del cártel. Solo rumores no. De verdad que no… no lo sé pero el carajo me dicen que él es bueno de presidente.

CW-1: El hombre más fuerte de Venezuela

Flores: Tiene a todos en las fuerzas armadas. Él las controla.

Flores: uhum.

Daza Cardona alias “El Negrito”: A ver pero… lo único malo es que no quiere trabajar con vos.

Narcos o estúpidos

Para la sesión de las presentación de los alegatos finales, la defensa quiso darle a los acusados apariencia de “chicos buenos”, al presentarlos ataviados cual estudiantes de escuela católica. Los abogados se mostraron muy afectuosos con sus clientes. La abogada Elizabeth Espinosa y David Rody arreglaban el cuello de la camisa y la corbata a Flores de Freitas, mientras que John Zach se esmeró en que Campo Flores luciera impecable.

En esta declaración final de la fiscalía, Brendan Quigley se centró en las evidencias que probarían la culpabilidad de los acusados, más allá de la duda razonable. Dijo que las pruebas recogidas desde agosto hasta noviembre de 2015 muestran que los dos hombres tenían el control del aeropuerto más importante de Venezuela y utilizaban su poder para burlar las leyes y enviar droga a Estados Unidos.

“Los dos acusados creyeron que estaban por encima de la ley. Se creían poderosos en Venezuela y actuaban con impunidad a causa de quiénes eran y quiénes eran sus familiares”, dijo Quigley al jurado y les pidió condenar a Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas de conspirar para introducir masivos cargamentos de cocaína en Estados Unidos.

El fiscal negó que los acusados fueran víctimas ingenuas de un complot estadounidense: “Son dos hombres adultos ansiosos y entusiastas que trabajaron metódicamente durante meses para ejecutar un complicado acuerdo de drogas por el cual buscaron ganar 20 millones de dólares”. Quigley afirmó que “los acusados estaban desesperados por lograr el dinero fácil para ayudar a impulsar la campaña de su tía, Cilia Flores, y lograr consolidar a su familia en el poder”.

El fiscal aclaró que los acusados no son niños pequeños. “No. Son hombres de 30 años. Uno de ellos, el señor Campo, es abogado. Ellos sabían lo que estaban haciendo y lo que buscaban con su acuerdo para vender droga proveniente del grupo terrorista Farc hacia Estados Unidos”.

El fiscal presentó de manera cronológica los detalles de la investigación, recordó los planes de vuelo y el pago de 900 mil dólares por la llegada del vuelo a la isla de Roatán con la cocaína que se enviaría el 15 de noviembre de 2015, a las 4:30 pm.

Destacó el poder que tenían los dos acusados para usar el hangar presidencial del aeropuerto internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía y la propuesta que hizo Campo Flores de comprarse un avión Falcon para el envío de la mercancía.

El fiscal descalificó la pretensión de la defensa de hacerlos ver como “estúpidos” inducidos y engañados por los informantes de la DEA. “La verdad es que los acusados fueron capaces de conspirar y creyeron que eran capaces de hacerlo, logrando juntar todas las piezas para traficar cocaína”.

Quigley pidió al jurado revisar las evidencias y comparar la confesión de los sujetos luego de ser arrestados con los audios, los videos, los mensajes de texto y conversaciones por otros sistemas de chateo para constatar cómo el gobierno demostró más allá de la duda razonable que los acusados ​​eran narcotraficantes que sabían que la droga suministrada por las FARC iba a  EEUU desde el principio de la conspiración.

Llamó a escuchar a los propios acusados quienes en las distintas grabaciones muestran pleno conocimiento de toda la operación de narcotráfico, información sobre los pilotos, el avión, el plan de vuelo, el cargamento de drogas y el poder que ambos tenían para usar el hangar presidencial del primer aeropuerto de Venezuela, donde ni siquiera generales y coroneles podían interferir en sus acciones porque él era el hijo de la primera dama.

El veredicto: culpables

El noveno día del juicio de Efraín Campo Flores y Franqui Francisco Flores De Freitas todo se transformó. El jurado logró conseguir un veredicto unánime luego de 6,5 horas de deliberaciones que concluyeron con la declaración de culpabilidad de los dos acusados.

Campo Flores tenía la mirada pérdida, parecía que no respiraba, miraba hacia el frente donde estaba la pared y algún símbolo patrio norteamericano. Su abogado Zach le puso cariñosamente la mano en la espalda y le ofreció soporte cuando el jurado anunció que era culpable de los cargos por los cuales fue juzgado.

Flores De Freitas, miraba fijamente hacia al frente. Su abogada latina, Elizabeth Espinosa, le traducía todo lo que estaba ocurriendo. El rostro de Flores no mostraba ningún tipo de expresión y así se mantuvo cuando escuchó el veredicto: culpable.

Luego de que el presidente del jurado pronunciara el fallo, el secretario de la corte confirmó el voto a cada uno de los integrantes. Todos respondieron afirmativamente. Después el jurado salió de la sala organizadamente. Los abogados se miraron las caras y abrazaron a los acusados. El Juez Paul Crotty fijó como fecha tentativa para la sentencia el 7 de marzo de 2017.

También informó que la fecha límite para las mociones posteriores al juicio presentadas por la defensa será el 23 de enero de 2017 y el 7 de Febrero de 2017 para las respuestas a dichas mociones. Así comenzará el nuevo año para los sobrinos: en prisión y a la espera de un milagro. O de una negociación.

Por su parte, el abogado defensor, David Rody se propuso ridiculizar a las fuentes de la DEA, a descalificar la investigación diciendo que era un vulgar montaje y a apelar a los sentimientos del jurado al decir que “en sus manos está que estos dos hombres regresen a casa con sus familias”.

Rody dijo que su cliente Flores de Freitas y su primo Campo Flores no tenían idea de lo que estaban haciendo, no tenían experiencia, ni conocimiento de cómo se hacía un negocio de narcotráfico: “Lo que se escucha en esas grabaciones que el gobierno dice que es la carga de la prueba es solo una fanfarronería ya que mis clientes nunca tuvieron la intención o la capacidad de sacar el trato”.

Rody aseguró que los acusados fueron atrapados por algunos de los “peores, corruptos y engañosos informantes” que tiene la DEA y resaltó cómo la fiscalía tuvo que renunciar a su declarante confidencial, José Santos Peña, y romper el acuerdo de cooperación después de que la defensa mostró grabaciones de su presunto tráfico de drogas desde la cárcel. Acotó que fue Santos Peña quien habló de traer las drogas a Estados Unidos.

Según Rody, Santos Peña fue uno de varios informantes corruptos que vieron una gran oportunidad de obtener una condena reducida por delitos cometidos en el pasado si podían ayudar a la  DEA a condenar a un miembro de la familia presidencial venezolana.

Por su parte, Randall Jackson refirió que sus clientes provienen de una familia modesta y trabajadora y que ellos tenían una vida sencilla en Venezuela. “Su familia es la que tiene poder, ellos no”, acotó. Aseguró que fueron víctimas de una trampa confabulada por la DEA y el gobierno estadounidense. “Nunca les encontraron drogas reales”, afirmó Jackson.

El abogado de Campo Flores dijo que la investigación realizada por el gobierno tiene serios problemas: “Mis clientes sí sostuvieron reuniones con unos narcos que eran informantes de la DEA, pensando que podrían ganar hasta 20 millones de dólares a cambio de hacer nada, de tan inexpertos que son”.

El fiscal Bove respondió a los puntos más críticos de la defensa. Dijo que el objetivo de los acusados, en parte, era obtener dinero en efectivo para contrarrestar el dinero que ellos creían que Estados Unidos estaba suministrando a la oposición antes de las elecciones de la Asamblea Nacional de Venezuela celebradas en diciembre de 2015.

Bove dijo que el jurado debía centrarse en las evidencias conformadas por grabaciones, videos, audios, mensajes de texto y llamadas telefónicas que muestran que los sobrinos estaban “ansiosos y entusiasmados de hacer tratos con drogas”.