Elecciones en Ecuador: entre el disgusto y la sospecha

El 15 de enero de 2007 tomó posesión como presidente Rafael Correa. Por tres periodos consecutivos mantuvo el cargo y ahora se prepara para entregar el poder. Los ecuatorianos decidirán este domingo 19 de febrero si apoyan el continuismo o se inclinan por alguna de las fórmulas que ofrecen un cambio de rumbo. Es casi un hecho que todo se decida en la segunda vuelta fijada para el 2 de abril y que en ella esté presente el candidato oficialista. Pero en un escenario signado por graves denuncias de corrupción y por un alto nivel de descontento social podría haber sorpresas: ninguno de los competidores goza del apoyo popular y el momento recuerda a la Argentina de 2015 cuando los electores decidieron dar un golpe de timón

Por Oscar Medina | @oscarmedina1

Ya en este momento no se pueden revelar datos concretos de encuestas en Ecuador. Las elecciones presidenciales son el próximo domingo 19 de febrero y en medio de un panorama en el que las denuncias por corrupción han opacado las propuestas de los candidatos, lo cierto es que el oficialista Lenín Moreno, ex vicepresidente y del movimiento Alianza País, puntea en las intenciones de voto aunque sin la fuerza suficiente como para imponerse en la primera ronda. Y eso implica riesgos para el proyecto continuista de Rafael Correa.

Los últimos sondeos de opinión que se dieron a conocer ofrecen datos contradictorios en cuanto a las diferencias entre los tres aspirantes con mayores oportunidades: Moreno, la socialcristiana Cynthia Vitieri y el ex banquero Guillermo Lasso, del partido Creo. Lo que sí se da casi como un hecho es el pase a la segunda vuelta. Y más allá de los porcentajes puntuales atribuidos a cada uno, otros aspectos resultan llamativos: los muestra un estudio de Giacobbe & Asociados, una firma argentina con 25 años de trayectoria que por vez primera analiza el panorama ecuatoriano.

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Jorge Giacobbe, director de la compañía, se atiene a la “veda electoral” y explica la situación: “Se está dando, a mi criterio, una situación parecida a las elecciones presidenciales argentinas del 2015: por un lado, un candidato oficialista que logra un núcleo duro de votantes importante pero que no alcanza -por poco- para llegar al 40%. Por otro lado, una mayoría social enormemente disgustada con el proceso político oficialista, dispuesta a construir cualquier herramienta para cambiar de ciclo. Y a su vez, toda la sociedad acusando a toda la clase política de niveles de corrupción gigantescos”.

Entre el 6 y el 10 de febrero Giacobbe & Asociados sondearon al electorado a través de una muestra de 1.500 personas, con un margen de error de 2,6%: “Nuestra encuesta indica varias cosas muy interesantes. Por un lado, que 51,7% de los ecuatorianos quiere que el gobierno pierda las elecciones, contra un 37,8% que quiere que el gobierno triunfe. Al resto le da lo mismo. Por otro lado, 52,1% indica que Ecuador “va por mal rumbo” contra 45,7% que cree que “va por buen rumbo”. Estos números son muy parecidos a los de Argentina en 2015, cuando la sociedad salió a cambiar de ciclo y patear el tablero”.

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Hay otro elemento que no deja de sorprender: “30,3% de los ecuatorianos está seguro de que habrá fraude, y otro 35,9% cree que probablemente haya fraude. Es decir, que dos tercios de los ecuatorianos tienen dudas. Estos números hablan por sí mismos”.

3Y si tal como se proyecta la contienda se decidirá en una segunda instancia, cabe preguntarse: ¿tendrá la oposición el criterio suficiente como para respaldar en bloque al candidato o candidata que se mida en definitiva con el oficialista? Jorge Giacobbe explica: “En la segunda vuelta va a suceder lo que la sociedad quiera, no lo que los políticos organicen o desorganicen. Es muy probable que los candidatos opositores no puedan juntarse y coordinarse, por desinteligencias, egos, y porque siempre algunos juegan para romper el voto opositor. Los oficialismos siempre saben cómo tallar y abrir grietas en esa situación. Hay que dejar de esperar inteligencia de los políticos. Lo único que se puede esperar es inteligencia social. Es decir, que la sociedad ecuatoriana utilice a uno de los opositores como herramienta para el cambio. Incluso sin importar tanto la calidad de la herramienta. Es notable ver cómo las nuevas sociedades son las que usan a los políticos, y no al revés, como antes”.

Las denuncias de corrupción sin duda aportan elementos al juego. Especialmente las relacionadas con la constructora brasileña Odebrecht. Y la fórmula de Correa está en la mira: “Este tipo de acusaciones tiende a producir dos cosas. Por un lado, solidificar el núcleo de ‘defensores oficialistas’ que se sienten atacados por un complot interestelar. Por otro, a nuclear a los ciudadanos opositores tras una opción que ‘pueda ganarle’ al oficialismo. La corrupción ya era un problema serio en la identidad del presidente y su gente, desde antes de las acusaciones. Todas las sociedades latinoamericanas están buscando liderazgos más honestos y mejores administradores, dejando atrás otros ejes de discusión que atrasan décadas”.

El análisis de Giacobbe & Asociados incluye un mecanismo revelador en cuanto a lo cualitativo: las nubes de palabras, las ideas y calificativos con los cuales los ciudadanos relacionan tanto al mandatario Correa como a los aspirantes. Y ninguno parece salir bien librado: “Las nubes de palabras son ejercicios donde los encuestados indican una palabra para describir a una persona, empresa o concepto, por asociación libre. Escriben lo primero que les viene a la mente, no hay sugerencias de respuestas”, explica Giacobbe: “Desde un nivel preconsciente de los ecuatorianos surge que todos los candidatos están inmersos en una gran sospecha y disgusto social.

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La corrupción y la mentira los alcanza a todos. Ninguno de ellos logra enamorar al electorado en forma clara, ninguno de ellos es una maravilla. La toma de decisiones entonces se reduce al eje oficialismo u oposición. Según las descripciones, un ecuatoriano puede votar al títere de un líder prepotente y corrupto, aunque no lo valore demasiado. Por el otro, aquellos que quieran cambiar deben elegir entre opciones que tienen aspectos positivos y negativos muy marcados”.