Paraguay: atornillarse en el poder a sangre y fuego

En una curiosa alianza el conservador Partido Colorado y el izquierdista Frente Guasú intentan forzar una enmienda constitucional que permita la reelección presidencial. Allí coinciden el actual mandatario Horacio Cartes y su antecesor Fernando Lugo. La maniobra ejecutada en el Congreso desató la furia en las calles de Paraguay y la respuesta policial suma un muerto, 211 detenidos y numerosos heridos. Pero el oficialismo ha dicho que la propuesta continuará su marcha y al final serán los ciudadanos quienes decidan

Por Oscar Medina | @oscarmedina1

Lo primero que sorprende de la situación en Paraguay no es necesariamente la explosión de violencia tan radical. Lo asombroso es que haya sido tan inmediata. El proyecto para la reelección presidencial aprobado por el Senado tras una maniobra del oficialismo, apenas pasa por la primera de al menos tres etapas y en la última de ellas la decisión queda en manos de la sociedad civil. Pero el rechazo que despierta la idea no se hizo esperar y el Congreso ardió. Literalmente.

Si es que continúa su curso, la propuesta debe ser ratificada en la Cámara de Diputados, donde se da por sentado que recibirá la bendición de la mayoría de parlamentarios del oficialista Partido Colorado. Pero luego debe ser sometido a consulta popular mediante un referendo y serán los ciudadanos quienes finalmente digan si se abre o no la puerta para que tanto el actual mandatario Horacio Cartes, como su rival de izquierda, Fernando Lugo –destituido en 2012- puedan volver a optar por el cargo en las elecciones de 2018.

No se trata tampoco de reelección indefinida. Lo que se plantea es un periodo más de cinco años de manera continua o alternada. Pero los paraguayos que salieron a las calles tan enardecidos quizás sopesaron las consecuencias que ha tenido esta posibilidad en los países vecinos en sus distintas variantes. Ahí está lo sucedido con el chavismo en Venezuela con una clase política que quiere eternizarse en el poder. Ahí está la polarización en Bolivia atizada por el intento de Evo Morales de reformar la Constitución para lanzarse a un cuarto mandato. Ahí está el lamentable ejemplo de Nicaragua con esa especie de monarquía instaurada por Daniel Ortega y su esposa.

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Lo principal, sin embargo, se encuentra en su propia historia reciente: la dictadura del militar Alfredo Stroessner, quien gobernó con el Partido Colorado desde 1954 hasta 1989. Es decir, los paraguayos saben ya lo que es tener a alguien atornillado en el poder durante demasiado tiempo. Y lo aprendieron con el peor: la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay documentó –en 2008- el registro de más de 400 personas desaparecidas, más de 18 mil casos de tortura y más de 20 mil exiliados. Y no deben ser muchos los que estén dispuestos a dar la mínima oportunidad a que se reedite cosa semejante.

Visto lo sucedido el viernes 31 de marzo, los fantasmas del pasado asoman su peor cara: numerosos heridos, 211 detenidos, un joven opositor –Rodrigo Quintana- asesinado durante el asalto a la sede del Partido Liberal por parte de la policía, el diputado Liberal Edgar Acosta en terapia intensiva tras recibir el impacto de balas de goma en la cara e incontables destrozos se suman a la actitud casi indolente del presidente Horacio Cartes ante los hechos. Para los voceros del Partido Colorado todo es culpa de sus adversarios y de la prensa. Y no piensan dar marcha atrás. Lo dijo el diputado Pedro Alliana, de la Asociación Nacional Republicana, un partido afín a Cartes: seguirán luchando por la enmienda que permita la reelección.

De momento la reacción oficial ha sido destituir al ministro de Interior, Tadeo Rojas; y al comandante de Policía, Críspulo Soteldo. El Partido Liberal, por su parte, tratará de ir más allá: planean impulsar un juicio político contra el presidente Cartes.

El artículo 222 de la Constitución aprobada en 1992 en Paraguay tras el retorno de la democracia prohíbe la reelección del presidente y el vicepresidente. En agosto de 2016 el Congreso rechazó un proyecto de enmienda para reformar esta normativa y en este segundo intento coinciden facciones que se encuentran en veredas opuestas: buena parte del Partido Colorado de Cartes y el Frente Guasú, del izquierdista Fernando Lugo. El interés por el poder los ha unido, incluso a costa de forzar la situación con un inesperado cambio en el reglamento interno del Senado llevado a cabo el 28 de marzo para hacer pasar la propuesta de reelección.

Si las apetencias de Cartes y Lugo se mantienen, Paraguay seguirá incendiada.